Las 5 heridas de la infancia y cómo te influyen hoy

Kela ·Publicado el
Manos de una mujer mayor que sostienen una foto antigua de una niña, cuando las heridas de la infancia siguen pesando

Dejaste atrás la infancia hace años y, aun así, hay momentos en que reaccionas como entonces. Las heridas de la infancia le ponen nombre a eso. Lise Bourbeau, autora de Las 5 heridas que impiden ser uno mismo, las reúne en cinco, cada una con su propia forma de protegerte para no sufrir, en un modelo que te sirve para reconocerte.

En resumen

  • Qué son: lo que te dolió en tus primeros años y todavía asoma en cómo te proteges hoy.
  • Cuáles son: rechazo, abandono, humillación, traición e injusticia, en el orden en que, según Lise Bourbeau, aparecen en la vida.
  • Cómo te defiendes: con cinco formas de ser que Bourbeau llama huidizo, dependiente, masoquista, controlador y rígido, una por cada herida. Hay semanas en que te duran minutos y épocas en que no sales de ellas.
  • De dónde sale: de lo que Bourbeau ha observado en sus talleres, sin pruebas científicas detrás. Lo estudiado son las experiencias difíciles en la infancia y el apego.
  • Sanar, aquí: cambiar poco a poco lo que haces cuando la herida duele, para que te haga falta defenderte menos.
Índice (7)
  1. Qué son las heridas de la infancia
  2. De dónde sale la idea de las 5 heridas
  3. Cuáles son las 5 heridas de la infancia
  4. Cómo reconocer las heridas y sus máscaras
  5. Lo que tu carta natal cuenta de tu infancia
  6. Cómo empezar a sanar las heridas de la infancia
  7. Preguntas frecuentes

01

¿Qué son las heridas de la infancia?

Son cosas que te dolieron en tus primeros años y que todavía hoy te hacen reaccionar para no volver a sentirlas.

Estás contando en una cena lo que te pasó en el trabajo y alguien te corta para hablar de su viaje. Te callas, le das vueltas al hielo del vaso y el resto de la noche apenas abres la boca, mientras te dices «total, lo mío no le importa a nadie».

Lise Bourbeau describe justo eso: callarte en cuanto te quitan la palabra porque das por hecho que lo tuyo no importa. Para ella viene de una herida muy antigua, y lo que haces para no sentirla (en este caso, desaparecer de la conversación) lo llama máscara: una forma de comportarte que te pones encima para que no duela y que no es tu forma de ser de verdad.

¿Delante de quién te callas antes de acabar lo que ibas a decir?

Según Bourbeau, todo lo que nos hace sufrir cabe en cinco heridas, y para cada una tienes una forma distinta de defenderte, que solo sale cuando necesitas protegerte. A las 5 heridas también las verás con otros nombres, como heridas emocionales de la infancia o heridas del niño interior.

Ojo: lo dice desde lo que ha visto durante años, no desde estudios, y eso cambia cuánto te puedes fiar de cada palabra suya.

Callarte en esa cena también dice algo de cómo eres por dentro. Míralo gratis en tu carta natal.

02

¿De dónde sale la idea de las 5 heridas de la infancia?

Sale del trabajo de un psiquiatra, de un curso que Bourbeau hizo en 1992 y de lo que fue viendo en sus talleres, sin estudios publicados detrás. Aun así, te sirve para mirarte.

Te estarás preguntando «¿y esto lo ha comprobado alguien?» y tienes toda la razón en preguntarlo. Es lo primero que conviene saber de un modelo que habla de ti.

En el prólogo de su libro, que salió en francés en el año 2000, Bourbeau cuenta que su planteamiento nació sobre todo del trabajo del psiquiatra John Pierrakos y de su compañera Eva Brooks. El tema la atrapó en un curso de 1992 con Barry Walker, discípulo de Pierrakos. De lo que observó a partir de ahí salieron las cinco heridas de la infancia y la reacción que va con cada una, que luego fue comprobando con cientos de personas de sus talleres y con su propia vida.

Madre e hija sentadas en silencio, cada una mirando hacia un lado

En ese mismo prólogo, en mayúsculas, avisa de que no existe prueba científica de lo que propone, aunque te invita a comprobar su teoría antes de rechazarla.

Lo que sí se ha estudiado es cuánto pesan las experiencias difíciles de la infancia. En San Diego (Estados Unidos), unos médicos preguntaron a 13.494 adultos, después de una revisión médica, si de pequeños habían vivido malos tratos, violencia contra su madre, alcohol o drogas en casa, o a alguien de la familia con una enfermedad mental o en la cárcel.

De los 9.508 que contestaron, más de la mitad había vivido al menos una de esas situaciones, y uno de cada cuatro, dos o más. Y cuantas más había vivido cada uno, más riesgos tenía para su salud de adulto. Eso sí, el cuestionario preguntaba por malos tratos y problemas en casa, no por las heridas de Bourbeau, así que no demuestra su modelo.

Si viviste algo parecido, tiene sentido que aquello no se haya quedado en la infancia. En aquellos adultos, lo que pasó en casa seguía contando en su salud muchos años después.

Tú no elegiste nada de aquello.

Con el apego pasa algo parecido. El psiquiatra británico John Bowlby, que en 1969 publicó Attachment, su libro sobre el apego, defendía que necesitar cerca a alguien que te cuide te acompaña toda la vida, de la cuna a la tumba. En esa idea se apoya lo que los psicólogos llaman estilos de apego.

El modelo de Bourbeau no tiene detrás nada medido como ese cuestionario, pero pone nombre a cinco dolores concretos y hasta les da un orden.

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03

¿Cuáles son las 5 heridas de la infancia?

Lo que te duele puede ser un rechazo, un abandono, una humillación, una traición o una injusticia, que según Bourbeau van apareciendo en ese orden a lo largo de la vida.

La herida de rechazo y la máscara del huidizo

La herida de rechazo en la infancia es la primera en aparecer. Para no sentirla, te apartas o desapareces en cuanto notas que te rechazan: es lo que Bourbeau llama la máscara del huidizo.

Callarte en aquella cena es una de sus formas, pero no la única. En un grupo te sientas detrás de todos y no preguntas nada. Si quieres pedirle algo a alguien y está ocupado, lo dejas estar sin decir palabra.

Según Bourbeau, cuanto más te apartas, más te quedas sin nadie alrededor y más motivos te das para sentir que te rechazan, hasta notar rechazo donde no lo hay. Y cuando alguien te elige, te cuesta creértelo y a veces acabas por frenarte justo cuando algo empieza a salir bien.

La herida de abandono y la máscara del dependiente

La herida de abandono en la infancia es la segunda en aparecer, y según Bourbeau te defiendes de ella con la máscara del dependiente.

Para que no la confundas con la de rechazo, las separa así: abandonar a alguien es alejarte de esa persona por otra cosa o por otra persona, mientras que rechazarla es no quererla cerca. Por eso, escribe, quien rechaza dice no quiero y quien abandona dice no puedo.

La herida de humillación y la máscara del masoquista

La tercera es la herida de humillación y en el libro la forma de ser que va con ella es la del masoquista.

La herida de traición y la máscara del controlador

La cuarta es la herida de traición y te proteges de ella con la reacción del controlador. Tiene algo especial, porque con las iniciales de las cinco en francés se forma la palabra TRAHI, que significa traicionado. Bourbeau la usa para que te acuerdes de las cinco.

La herida de injusticia y la máscara del rígido

La última en aparecer es la herida de injusticia y la reacción que va con ella es la del rígido. Según Bourbeau, sale cuando algo te parece injusto, cuando te ves cometiendo una injusticia o cuando temes que te critiquen por ella, momentos en los que actúas con rigidez.

La herida no se ve, pero tu forma de defenderte sí, porque es lo que haces delante de los demás cuando algo te duele.

04

¿Cómo reconocer las heridas de la infancia y sus máscaras en tu día a día?

Las reconoces en lo que haces para protegerte: solo reaccionas así cuando no quieres sufrir, y lo haces más a menudo cuanto más te duele la herida.

Bourbeau cuenta que esas defensas te las creaste en tu infancia, cuando notaste que ser como eras molestaba a los adultos de tu alrededor y, para que doliera menos, empezaste a ser lo que esperaban de ti. Y cada una retrata a un tipo de persona, con su propio carácter.

¿Qué máscara va con cada herida?

Rechazo

La del huidizo, que te hace callarte o apartarte cuando notas que te rechazan.

Abandono

Lleva la del dependiente y es la segunda herida en aparecer a lo largo de la vida.

Humillación

Le corresponde la del masoquista, tercera en el orden que les da Bourbeau.

Traición

Va con la del controlador y llega cuarta, cuando ya han aparecido las otras tres.

Injusticia

Con la del rígido actúas con rigidez cuando algo te parece injusto.

No hace falta que te reconozcas en todo lo que describe cada una, porque Bourbeau escribe que eso es casi imposible. Tampoco te pasa todo el tiempo, hay semanas en que esa reacción te dura unos minutos y épocas en que no sales de ella.

Al leer las cinco, ¿de cuál has querido pasar más rápido?

Si alguna te ha molestado, es lo normal, Bourbeau lo llama una resistencia muy humana y te pide que te des tiempo.

Cuando reaccionas con la máscara puesta, no eres tú quien reacciona.

05

¿Qué puede contarte tu carta natal de lo que te marcó en la infancia?

Lo que te pasó en tus primeros años pesa mucho en cómo reaccionas hoy, aunque no lo es todo. También pesa cómo eras al nacer y eso es justo lo que te cuenta la carta natal.

La carta natal tiene detrás una tradición de casi dos mil años. Uno de sus grandes nombres es Claudio Ptolomeo, que vivió en Alejandría (Egipto) y escribió el Tetrabiblos, el libro que durante más de mil años fue casi una Biblia para los astrólogos. A ti, esa tradición te ayuda a entender por qué reaccionas como reaccionas cuando algo te recuerda a entonces.

Tu carta natal es el mapa del cielo en el momento en que naciste, un mapa que habla de cómo eres por dentro. Cada planeta de tu carta habla de una parte de ti.

I

Lo que tiene que ver con tu madre

Ptolomeo, en su libro, unía la Luna y Venus con la madre. Así que, si te pesa algo de lo que viviste con tu madre, mirar qué dice tu Luna de ti es un buen sitio por donde empezar.

II

Lo que tiene que ver con tu padre

Al padre, este astrónomo lo unía con el Sol y Saturno. Según cómo estuvieran colocados los cuatro, entre ellos y con el resto del cielo, leía cómo les iba la vida a los padres de cada persona.

¿Quieres saber cuál es tu herida? Descúbrelo gratis en tu carta natal.

06

¿Cómo empezar a sanar las heridas de la infancia?

Empiezas cambiando poco a poco lo que haces cuando la herida duele, que es lo que Bourbeau llama sanar, hasta que necesitas defenderte menos veces.

Ella dedica el último capítulo de su libro a los comportamientos nuevos que propone para curar cada herida. Si te llama más la idea de sanar tu niño interior, también puedes empezar por ahí.

Tres amigas sentadas en unas escaleras hablando con calma

Esos comportamientos nuevos son, en su libro, lo más parecido a unos ejercicios para sanar la herida de rechazo, la de abandono o la de injusticia. Además, te pide que te des permiso para caer varias veces en lo mismo antes de tener el valor de cambiarlo.

  1. Fíjate en cuándo te pones la máscara

    Bourbeau insiste en lo útil que es notar cuándo eres tú y cuándo estás reaccionando. Vuelve a esa cena en la que te callaste y busca el momento exacto en que dejaste de hablar.

  2. Mira qué te dices con ella puesta

    Con cada forma de defenderte llegan unas creencias que cambian lo que haces. En la del huidizo aparece a menudo la de no tener nada interesante que decir. Repasar lo que te dices hoy sobre ti y das por cierto te deja ver cuánto de eso viene de entonces.

  3. Apóyate en otras personas y, si lo necesitas, en terapia

    En Texas, unos psicólogos entrevistaron a 121 mujeres que esperaban su primer bebé y les pidieron que hablaran de su infancia. Algunas lo habían pasado mal con sus padres, pero ya lo contaban con calma y claridad, señal de que de adultas habían llegado a un apego seguro. Esas mujeres habían tenido más gente que las apoyaba y habían ido más tiempo a terapia. Si tu infancia también fue difícil, lo que aprendiste en casa no tiene por qué quedarse como está.

La frase que dejaste a medias en aquella cena sigue siendo tuya y la próxima vez puedes terminarla.

Preguntas frecuentes sobre
las heridas de la infancia

¿Cuántas heridas de la infancia hay: 5 o 7?

El modelo del que salen las heridas de la infancia, el de Lise Bourbeau, tiene cinco y es el que se toma como referencia. Las listas de 7 heridas de la infancia que circulan por internet no dicen de qué autor ni de qué estudio salen y ni siquiera coinciden entre ellas en cuáles son.

¿Se pueden tener todas las heridas de la infancia?

Al leer cómo se defiende cada herida es fácil verte un poco en todas, y Bourbeau ya cuenta con ello. Aun así, escribe que es muy raro que una persona tenga las cinco. También avisa de que se mezclan: hay quien vive un abandono y a la vez lo siente como una humillación.

¿Se pueden sanar las heridas de la infancia?

Dentro del modelo de Bourbeau, sí. Ella escribe que esas formas de reaccionar que te creaste para protegerte no son permanentes y que, con los comportamientos nuevos que propone, van a menos poco a poco. A medida que van a menos, cuenta, va cambiando también tu actitud.

¿Por qué es importante sanar las heridas de la infancia?

Para Bourbeau, cuanto más grande es una herida, más a menudo sufres y más veces tienes que defenderte de ella. Y mientras reaccionas así, escribe, no puedes estar bien ni sentir alegría. Por eso insiste en que te conozcas y te aceptes tal como eres, que es, según ella, lo que hace que cada vez vivas menos situaciones en las que sufres.

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Fuentes (5)
  1. Bourbeau, L. Las 5 heridas que impiden ser uno mismo (título original Les 5 blessures qui empêchent d'être soi-même, 2000). Vista previa del editor: prólogo, capítulo 1 y capítulo 2.
  2. Felitti, V. J., Anda, R. F., Nordenberg, D., Williamson, D. F., Spitz, A. M., Edwards, V., Koss, M. P. y Marks, J. S. (1998). Relationship of childhood abuse and household dysfunction to many of the leading causes of death in adults. The Adverse Childhood Experiences (ACE) Study. American Journal of Preventive Medicine, 14(4), 245-258. PubMed 9635069
  3. Bowlby, J. (1969). Attachment and Loss, Vol. 1: Attachment. Londres: Hogarth Press e Institute of Psycho-Analysis. archive.org
  4. Saunders, R., Jacobvitz, D., Zaccagnino, M., Beverung, L. M. y Hazen, N. (2011). Pathways to earned-security: The role of alternative support figures. Attachment & Human Development, 13(4), 403-420. PubMed 21718225
  5. Ptolomeo, C. Tetrabiblos, libro III, cap. 4, «Of Parents». Trad. F. E. Robbins (1940), Loeb Classical Library 435, con su introducción. archive.org

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