Una crítica sin importancia te estropea la tarde o un mensaje sin contestar te llena de rabia y luego no entiendes por qué te ha afectado tanto. Eso tiene nombre, niño interior, y habla de esos momentos en los que sientes con la fuerza de tu infancia porque hay algo que necesitas y nadie te está dando.
En resumen
- Qué es: una forma de hablar de esos momentos en los que reaccionas con mucha más pena o rabia de lo que pide la situación. No es un diagnóstico.
- Cómo se nota: una crítica pequeña te deja sin fuerzas, te enfadas de más si no te contestan o haces algo sin pensar y luego te arrepientes.
- Qué hay detrás: una necesidad emocional que en ese momento nadie está atendiendo.
- Cómo cuidarlo: darte cuenta cuando te pasa y decirte lo que necesitabas oír, también con una carta.
- De dónde viene la idea: la expresión se hizo famosa con un libro de 1963 y hoy la psicología estudia algo muy parecido.
Índice (8)
01
¿Qué es el niño interior?
Es una forma de hablar de esos momentos en los que algo pequeño te provoca una pena o una rabia enorme, como si volvieras a tu infancia. No es un diagnóstico, es una manera de ponerle nombre a lo que te pasa.
Basta un comentario de pasada, un plan que se cae o una cara seria para que se te haga un nudo en la garganta, te entren ganas de dar un portazo o hagas algo que luego vas a lamentar. Lo que sientes es mucho más grande que lo que ha pasado.
¿Qué te ha descolocado así hace poco sin que sepas explicar por qué?
En psicología hay una terapia que habla de algo muy parecido y a esas reacciones las llama modos niño, partes de ti que reaccionan como en tu infancia, porque en esos momentos, tengas la edad que tengas, lo que más te ayuda es que alguien atienda lo que necesitas, como haría una persona que te cuida bien.
Ponerle nombre te ayuda a reconocer esos días en los que un comentario te cambia el humor hasta la noche.
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02
¿Cómo se nota tu niño interior en tu vida de hoy?
Se nota en reacciones que te sorprenden a ti antes que a nadie, como que una crítica pequeña te deje sin fuerzas el resto del día.
Seguro que te ha pasado. Entregas algo en el trabajo que te ha costado horas y te lo devuelven con un simple «revisa esto», y de repente se te cae el mundo encima. Te vas al baño para que nadie te vea los ojos llorosos, piensas «no doy una» y esa tarde ya no te concentras en nada.
Ese «no doy una» viene de antes, son ideas sobre ti que aprendiste a dar por verdad y que una crítica de una línea despierta en segundos.
Que te afecte tanto no te hace peor persona.
Eso que mucha gente llama «mi niño interior» o «nuestro niño interior» es justo lo que aparece en momentos así.
Si ahora te estás diciendo «¿y esto no será una excusa para no madurar?», es normal, porque dicho así suena a quedarte en la infancia, pero sirve justo para lo contrario, para ver qué necesitabas en aquel baño y aprender a dártelo la próxima vez.
Ese malestar que te desborda es lo más fácil de reconocer, porque te para el día entero.
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03
¿Cómo saber si tu niño interior está herido?
Lo sabes por cómo reaccionas hoy más que por tus recuerdos, porque cada reacción que se te va de las manos apunta a algo que necesitas.
Con la rabia pasa lo mismo, solo que hacia fuera. Te enfadas de más si no te contestan o subes el tono porque te cambian un plan a última hora. Detrás de esa rabia casi siempre hay algo que necesitas y nadie te está dando. Si te pasa más con tu pareja que con nadie, te ayudará leer qué pasa cuando el miedo a que te dejen aparece en pareja.
Y luego están los impulsos, como mandar el mensaje que te habías prometido no mandar o levantarte de la mesa sin despedirte porque esperar se te hace imposible. Nada de esto quiere decir que tengas una herida concreta, solo que en ese momento te faltaba algo y lo pediste así.
Y lo curioso es que tu niño interior no solo se nota en lo malo, también en la alegría y en las ganas de jugar.
¿Te pasa a ti?
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Elige la frase que más te suena
Púlsala y debajo verás lo que podías necesitar en ese momento.
Puede que ese bajón sea tu niño interior pidiendo calma. Lo que necesitabas era que alguien te tranquilizara hasta sentirte capaz otra vez y eso hoy puedes empezar a hacerlo por tu cuenta.
Detrás del enfado de más hay una necesidad que se ha quedado sin respuesta. Fijarte en cuál era te sirve más que reñirte por la rabia.
Esa prisa por actuar también avisa de algo que necesitas ya. Muchas veces te ayuda más atender eso que pelearte con el impulso.
Pulsa una frase para ver su explicación.
04
¿Qué relación tiene con las heridas de la infancia?
Miras a tu niño interior cuando te preguntas qué necesitas hoy, mientras que cuando hablas de heridas pones nombre al daño de aquellos años. Si quieres verlas una a una, aquí tienes cómo se notan hoy esas heridas de tu infancia.
05
¿Cómo sanar y cuidar a tu niño interior paso a paso?
Con gestos pequeños del día a día, como darte cuenta de cuándo te pasa y decirte lo que necesitabas oír, aunque nadie te puede prometer un plazo.
Los ejercicios para sanar el niño interior no tienen por qué ser largos ni pedirte una hora con los ojos cerrados, se hacen sobre la marcha, en la oficina, en el coche o en el sofá, justo cuando llega la reacción.
Ponle nombre a la reacción cuando llega
Estos momentos son pasajeros, llegan con una frase o un silencio y se van. Cuando notes el nudo o la rabia, escucha a tu niño interior y dite con palabras sencillas lo que pasa, algo como «esto es aquel malestar otra vez». Así es como empiezas a conectar con tu niño interior, justo cuando hace falta.
Dite lo que necesitabas oír
En terapia, cuando llega uno de estos momentos, el terapeuta intenta calmarte para que luego aprendas a hacerlo tú. Hablar con tu niño interior es justo eso, decirte a tiempo «es normal que te haya dolido» o «no has hecho nada malo». Cuida tu niño interior con frases cortas que de verdad te creas.
Deja de esperarlo de quien no te lo da
Hay veces en que lo que necesitabas lo sigues esperando de la misma persona, año tras año. Si te pasa, aquí tienes cómo dejar de esperar que esa persona cambie y empezar a dártelo por otro lado.
Más que de técnica, cómo sanar tu niño interior es cuestión de costumbre, la de atender lo que necesitas justo cuando más te cuesta.
06
¿Cómo escribir una carta a tu niño interior?
Escribes con tus palabras de hoy lo que necesitabas oír en tu infancia, sin cuidar la letra ni el estilo.
Es un ejercicio sencillo para poner por escrito lo que te faltó. No hace falta que la lea nadie ni que te quede bonita, porque lo que cuenta es lo que pones dentro.
¿Cuál es la frase que te habría venido bien oír en tu peor día de este mes?
Esa frase es el centro de la carta y el resto se ordena a su alrededor. Si te sirve una guía, este esquema cabe en una sola hoja:
Encabezado
Empieza con un A mi niño interior o un A mi niña interior, como te salga, o directamente con tu nombre.
Un momento concreto
Elige una escena de tu infancia en la que lo pasaste mal y cuéntala en pocas líneas, sin adornarla.
Lo que necesitabas oír
Escríbelo en presente, como si estuvieras allí en ese momento y pudieras decírtelo a tiempo.
Lo que te das ahora
Cierra contando qué vas a hacer distinto cuando vuelva a pasarte algo parecido.
Si te quedas en blanco porque no sabes qué le dirías a tu niño interior, piensa en lo que le contestarías a una amiga que estuviera pasando por lo mismo. Te pueden servir de arranque frases como «lo que sentías tenía sentido aunque nadie te lo dijera», «puedes equivocarte y que te sigan queriendo igual» o «ahora me toca a mí cuidar de ti».
No hay una única forma correcta de hacerlo. Hay quien escribe una sola carta y quien llena un cuaderno de cartas del niño interior durante meses y hay quien prefiere el femenino y la titula «carta de mi adulta a mi niña interior».
Lo que escribas ahí no cambia lo que pasó, pero te deja por escrito lo que hoy sí te puedes dar.
07
¿Qué dice tu carta natal
de tu infancia?
Te ayuda a ver por qué tu infancia te marcó como te marcó, porque no todo depende de lo que pasó en casa, también cuenta cómo eras tú desde que naciste.
Piensa en dos hermanos que crecen en la misma casa y con los mismos padres, y aun así uno lo vive todo con calma y al otro cada bronca se le queda grabada. Lo que cambia es el carácter de cada uno y eso es lo que enseña tu carta natal.
Es una foto del cielo del día en que naciste y una de sus partes, la cuarta casa, habla justo de tu familia y del hogar en el que creciste.
Y cuando la ves, por fin sabes por qué hay cosas de tu infancia que a ti se te quedaron tan grabadas.
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