Tu pareja se va unos días y lo notas más de lo que esperabas. Cuando vuelve, te acercas, le reprochas algo o haces como si nada casi sin decidirlo, porque esa forma de recibirla tiene que ver con tu estilo de apego. Los psicólogos describen cuatro tipos de apego (seguro, ansioso, evitativo y desorganizado), que aprendes pronto con quien te cuidaba, aunque la vida en pareja los va cambiando.
En resumen
- Qué es el apego: el lazo que te hace sentir a salvo con alguien concreto y que se nota, con angustia, enfado o frialdad, cuando esa persona se aleja sin que tú lo quieras.
- Los 4 tipos: seguro, ansioso, evitativo y desorganizado, que se distinguieron mirando qué hacían unos bebés cuando su madre volvía a la sala después de salir un momento.
- En pareja: el amor adulto se apoya en el mismo tipo de lazo, por eso cada estilo vive de forma distinta la misma escena.
- Va por grados: tu estilo se mide en una escala y con cada persona importante puede ser distinto.
- Con los años: la angustia por perder a tu pareja y las ganas de poner distancia bajan de media.
Índice (8)
01
¿Qué es el apego y por qué importa en tus relaciones?
Con algunas personas te sientes a salvo y, si se alejan sin que tú lo quieras, lo pasas mal. A ese lazo los psicólogos lo llaman apego y te importa porque lo pones en juego cada vez que quieres a alguien.
Mucha gente cree que el apego depende del contacto piel con piel justo después de nacer, como si hubiera un plazo corto que no se pudiera perder. Esa idea se demostró equivocada y no tiene nada que ver con el apego tal como lo entienden los psicólogos.
Tampoco quiere decir depender de alguien, que es lo que mucha gente entiende por apego emocional o apego afectivo. La definición de apego de los psicólogos es más sencilla, y su significado está en para qué sirve: que un bebé se sienta seguro y protegido con quien le cuida.
Quien lo explicó primero fue John Bowlby, un psiquiatra británico que vio en el ser humano una tendencia a crear lazos fuertes con personas concretas. Y con esa tendencia llega también el malestar cuando pierdes a una de esas personas o te separan de ella sin quererlo: angustia, enfado, tristeza o frialdad.
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¿Qué tiene que ver con lo que te atreves a hacer?
Lo completó la psicóloga Mary Ainsworth, que trabajó con Bowlby y habló de la base segura, la persona desde la que un bebé se atreve a salir a explorar el mundo porque sabe que puede volver a ella. Lo ves en cualquier parque, con un bebé que gatea hacia un juguete nuevo mientras quien le cuida espera en el banco y que cada poco se gira o vuelve a sus brazos antes de seguir.
¿Ibas a buscar a alguien cuando algo te daba miedo o te lo guardabas?
Lo que hacía cada bebé cuando quien le cuidaba se iba un rato y luego regresaba es justo lo que sirvió para distinguir los tipos de apego.
02
¿Cuáles son los 4 tipos de apego y cuál es el tuyo?
Según lo que haces cuando alguien que quieres se marcha y vuelve, los psicólogos distinguen el apego seguro, el ansioso, el evitativo y el desorganizado.
Los verás escritos como estilos de apego o tipos de apego emocional, y todos los diferentes tipos que existen salen de una prueba que preparó Mary Ainsworth, la Situación Extraña. Era como un pequeño teatro de veinte minutos en una sala de juegos: entraban una madre y su bebé, al rato llegaba una mujer desconocida y, mientras ella jugaba con el bebé, la madre salía un momento y volvía.
Después llegaba una segunda separación, en la que el bebé se quedaba sin nadie en la sala. Y lo que de verdad separaba a unos bebés de otros se veía en el reencuentro.
¿Qué hacía cada bebé cuando su madre volvía?
Más de la mitad de los bebés, el 55 %, la saludaba o se acercaba a ella y al rato volvía a sus juguetes. Eso es lo que los psicólogos llamaron apego seguro.
Otros bebés no la saludaban ni iban hacia ella, seguían con sus juguetes como si no hubieran notado que había vuelto y así esquivaban a quien les cuidaba. Así se describió el apego evitativo, cuando la cercanía agobia.
Un grupo más pequeño lo pasaba fatal con cada separación y al reencontrarse no había forma de calmarlo, algo que los psicólogos llaman apego resistente o ambivalente. En pareja se vive como el apego ansioso y el miedo a dejar de importar.
Más tarde se añadió un cuarto tipo: el de los bebés que, al volver su madre, no sabían si acercarse o huir y se quedaban sin saber qué hacer. Hoy se conoce como el apego desorganizado, entre buscar y huir.
Entre aquella sala de juegos y tu vida de ahora hay muchos años, aunque lo que pasaba en ella al abrirse la puerta te queda más cerca de lo que parece.
03
¿Cómo vive cada tipo de apego la misma escena de pareja?
Ante la misma escena, tú reaccionas a tu manera y otra persona a la suya, porque en las relaciones de pareja funciona el mismo tipo de lazo que une a un bebé con quien le cuida.
Oyes la llave en la cerradura después de cuatro días en los que tu pareja ha estado fuera por trabajo. Arrastra la maleta por el pasillo, tú sigues en el sofá con el libro abierto por la misma página desde hace un buen rato y se te cruza por la cabeza un «¿le digo que me alegro o que podía haber llamado más?».
Esa mezcla de alegría y reproche tiene su historia, porque el amor entre adultos es también un lazo de apego, como el que se forma antes entre un bebé y quien le cuida. El regreso de tu pareja al pasillo de casa se parece mucho a aquel reencuentro en la sala de juegos.
Por eso los adultos de cada estilo viven el amor de forma distinta. En cada escena pequeña que se repite con tu pareja te sale una reacción que aprendiste mucho antes de conocerla.
La misma escena,
4 formas de vivirla
Elige lo que harías tú
En cada escena, toca la reacción que más se parece a la tuya, sin pensarlo mucho:
No contesta en tres horas
Te propone vivir en la misma casa
Discutís y se va a dormir sin hablar
Te pide un fin de semana para sí
Has elegido 0 de 4
En cada escena, la primera reacción se parece a lo que hacían los bebés del apego seguro, que se acercaban y luego volvían a lo suyo. La segunda recuerda al apego ansioso, al bebé que no había forma de calmar. La tercera, al evitativo, al bebé que hacía como si nada. La cuarta, la de quedarte sin saber hacia dónde ir, es la que más se acerca al desorganizado.
Si tus respuestas han caído en sitios distintos, tiene su lógica, porque el estilo de apego se mide en una escala y no en cajas, además de cambiar con cada persona.
Elige una reacción en cada una de las cuatro escenas.
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04
¿Qué es el apego inseguro?
Cuando con quien quieres no terminas de sentirte a salvo y te angustias, pones distancia o no sabes qué hacer, los psicólogos lo describen como apego inseguro, o apego emocional inseguro. Bajo ese nombre van los tipos de apego ansioso, evitativo y desorganizado.
Si en tu infancia hubo dificultades con las personas que te rodeaban, es más fácil que en la edad adulta tengas un estilo de apego inseguro. Con el desorganizado se ve todavía más claro: en familias de clase media lo tiene cerca del 15 % de los bebés y, donde hay malos tratos, esa cifra puede doblarse o incluso triplicarse.
Ningún bebé elige cómo le cuidan.
Y lo que pasa en la infancia no es lo único que cuenta. Un estudio siguió a las mismas personas durante 59 años, y cuando tenían pareja sentían menos angustia por perderla y menos ganas de poner distancia, a cualquier edad adulta.
Si llegaste a tu relación con miedos antiguos, lo que vives hoy con tu pareja también cuenta en cómo te vinculas. Y si en esa relación te desvives tanto que acabas dejándote de lado, te sonará lo que pasa cuando cuidar a tu pareja te hace olvidarte de ti.
Tu relación de ahora es también el sitio donde tu apego se deja ver con más claridad.
05
¿Cómo se ven los tipos de apego en adultos?
En la edad adulta los notas sobre todo en pareja, en cómo te ves a ti cuando quieres a alguien y en cómo ves a esa persona.
Los primeros en llevar los estilos de apego de los bebés al amor adulto fueron dos psicólogos estadounidenses, Cindy Hazan y Phillip Shaver, que a finales de los años ochenta se quedaron con tres, el seguro, el evitativo y el ansioso. En Estados Unidos, en una muestra pensada para representar a todo el país, el 59 % de los adultos tenía un apego seguro, así que tenerlo es lo más habitual y no una rareza.
Más tarde, los psicólogos Kim Bartholomew y Leonard Horowitz, que estudiaban a gente joven, propusieron cuatro estilos en adultos a partir de la imagen que tienes de ti y de la que te haces de los demás. Según cómo se combinen esas dos imágenes, te sitúas en uno o en otro.
- Seguro, cuando tienes una buena imagen de ti y también de los demás.
- Preocupado, cuando tienes una mala imagen de ti y una buena de los demás.
- Rechazante, cuando te ves bien a ti y en cambio la imagen que te haces de los demás es mala.
- Temeroso, cuando ni la imagen que tienes de ti ni la que te haces de los demás es buena.
Cuando algo se tuerce con tu pareja, ¿de quién dudas antes, de ti o de la otra persona?
Al leer estos nombres es fácil buscarte en uno de ellos y quedarte con esa etiqueta para todo.
06
¿Cómo reconocer tu forma de vincularte en el día a día?
Mirando lo que haces cuando alguien que quieres se aleja, lo que te atreves a hacer a su lado y con quién te pasa, aprendes más de ti que con cualquier nombre.
Si has leído los cuatro y te has dicho «yo no encajo del todo en ninguno», tienes razón. Cuando se mide el apego en adultos, lo que sale son grados en una escala y no cajas cerradas. Ni siquiera marcas lo mismo con todo el mundo, porque con tu familia, con tu pareja o con tu mejor amistad puedes estar en puntos distintos.
Para saber a qué se debe tu apego emocional a alguien concreto, mira lo pequeño. Lo que de verdad te cuenta algo es lo que haces con esa persona sin pensarlo.
- Lo primero que haces cuando pasas un día entero sin saber nada de ella, si le escribes y sigues con lo tuyo o si no te la puedes quitar de la cabeza.
- Si con esa persona cerca te atreves con cosas nuevas, como el bebé del parque que se alejaba a gatear porque sabía que podía volver.
- Con quién te pasa y con quién no, porque la misma inquietud que notas con tu pareja puede no aparecer con tu mejor amistad.
¿En cuál de tus relaciones de ahora te cuesta menos pedir lo que necesitas?
Ponerte una etiqueta tiene su precio, porque la usas para explicarlo todo y acabas viendo una sola forma de querer donde en realidad hay varias, una con cada persona que te importa. Te quedas con el nombre y dejas de mirar lo que haces.
Tu forma de querer no es tu destino, es lo que aprendiste para sentirte a salvo.
Eso que aprendiste empezó en un sitio y con unas personas concretas, justo donde hay que mirar para entender cómo se construye un apego más seguro.
07
¿Cuánto pesa en cómo quieres el sitio del que vienes?
Míralo en tu carta natal
Lo vivido con quien te cuidaba explica mucho de cómo quieres hoy, aunque no todo, porque también cuenta cómo eras ya al nacer, eso que hace que unas cosas te marquen más que otras.
Para mirarlo cuentas con siglos de tradición, con nombres como el de William Lilly, astrólogo inglés que en 1647, hace casi cuatrocientos años, publicó un manual de astrología llamado Christian Astrology. A ti te sirve para entender de dónde te vienen reacciones que hasta ahora no sabías explicarte.
Tu carta natal es el mapa del cielo en el momento en que naciste. Para entender qué se lee en una carta natal ayudan mucho sus doce casas, cada una dedicada a un terreno de tu vida.
Tu casa y tus raíces
Lilly escribía que la casa 4 habla del padre, de la casa y las tierras, de las herencias y de las viviendas antiguas. La llamaba el ángulo de la Tierra o fondo del cielo, el punto más bajo de tu carta. En lo cotidiano, es tu casa, tus raíces y el sitio del que vienes.
Cómo terminan las cosas
Este astrólogo añadía que esa misma casa habla del final de cualquier cosa. Traducido a tu vida, es cómo vives que algo se acabe, sea una etapa, una mudanza o una relación.
Mirar tu casa 4 te ayuda a entender por qué lo que traes de casa pesa tanto cuando quieres a alguien y cuando algo entre los dos se termina.
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