Echas de menos a esa persona cuando no está y, cuando por fin la tienes cerca, te asustas y la apartas, para volver a buscarla en cuanto se aleja. Ese «ven y vete» con quien más quieres es el apego desorganizado en pareja: querer acercarte y alejarte a la vez. Muchas veces empieza en tus primeros años, con quien te cuidaba, y no tiene por qué quedarse así para siempre.
En resumen
- Cómo lo vives: buscas cercanía con alguien y, cuando llega, te entra miedo y te alejas, para volver a buscarla al poco tiempo.
- De dónde sale: a menudo de una infancia en la que quien te cuidaba era a la vez tu refugio y lo que te asustaba, aunque no siempre hubo malos tratos detrás.
- En qué se distingue: con apego ansioso o evitativo te proteges de una sola manera y aquí buscas y huyes a la vez.
- Con el tiempo: en la vida adulta, tu forma de vincularte sigue cambiando con cada relación cercana.
- Qué te ayuda: fijarte en con quién te pasa, pedir cosas pequeñas a gente de confianza y, si te pesa, ir a terapia.
Índice (9)
01
¿Qué es el apego desorganizado?
Quieres a alguien cerca, pero en cuanto se acerca, algo te empuja a apartarte. Y así acabas buscando y huyendo de la misma persona.
Y lo más desconcertante es que te pasa con quien más te importa, con la persona a la que acudirías si algo fuera mal. Los psicólogos lo describen como ganas de acercarte a quien te cuida y, al mismo tiempo, de alejarte de esa misma persona. Por eso un día buscas su compañía y al día siguiente te agobia tenerla tan cerca.
¿Por qué se llama desorganizado?
El nombre sale de una prueba muy conocida con bebés: se quedaban un momento sin su madre o su padre y luego volvían a verlos. Algunos no sabían cómo buscar a quien les cuidaba, ni de una forma clara ni siempre igual, y de esa falta de orden viene lo de «desorganizado». Lo bautizaron dos psicólogas, Mary Main y Judith Solomon, en 1986, y lo llamaron apego inseguro desorganizado. La APA, la asociación de psicólogos de Estados Unidos, también lo cuenta entre los apegos inseguros.
Hoy, ese ir y venir ya no lo ves en un laboratorio: lo notas con la persona con la que compartes tus días.
¿Y si ese vaivén también tiene que ver con cómo eres por dentro? Míralo gratis en tu carta natal.
02
¿Cómo se vive el apego desorganizado en pareja?
A rachas. Te acercas mucho, te asusta lo cerca que estás, te alejas y, cuando la distancia ya pesa, vuelves a buscar a tu pareja.
Recoges tu cepillo de dientes del vaso de su baño después de dos días estupendos en su casa y, cuando te propone dejarlo ahí para la próxima vez, lo metes en el neceser a toda prisa. En el portal ya le echas de menos, a la media hora le escribes para volver a verle y, con el móvil todavía en la mano, te dices por dentro «¿y ahora por qué le escribo yo?».
Esa pregunta tiene respuesta, aunque no sea cómoda. Quieres una relación cercana de verdad y, a la vez, te cuesta fiarte del todo y temes que te haga daño si dejas que se acerque demasiado, así que el cepillo vuelve al neceser.
¿Qué haces tú justo después de un día en el que os habéis sentido muy cerca?
Mientras, tu pareja recibe un día un «ven» y al siguiente un «vete», y no sabe si acercarse o darte espacio. Y tú te quedas con el cansancio de tanto ir y volver, y con planes que se caen justo cuando empezaban a salir bien.
¿Hay otros ejemplos de apego desorganizado?
Le propones un viaje, lo organizas con ilusión y, cuando ya está todo reservado, empiezas a discutir por cualquier tontería hasta que el plan se tambalea. A los dos días eres tú quien pide que no lo canceléis. Con las palabras pasa igual: llevas semanas esperando que te diga «te quiero» y, cuando por fin lo dice, cambias de tema o lo conviertes en una broma, y esa misma noche eres tú quien le busca.
En los dos casos el miedo aparece justo cuando ya tienes delante lo que buscabas.
03
¿Cómo se nota el apego desorganizado en adultos?
Lo notas cuando quieres estar con alguien y el miedo te frena, cuando dudas de merecer cariño o cuando te callas que lo estás pasando mal. Eso sí, no existe una lista oficial de señales en adultos.
Como el término nació observando a bebés, para hablar de las características del apego desorganizado en adultos hay que fijarse en lo más parecido: lo que los psicólogos llaman estilo temeroso, con esa misma mezcla de ganas de cercanía y miedo. Estas son sus señales:
- Te apetece quedar con gente y, cuando llega el momento, el miedo a lo que pueda pasar te frena y te quedas en casa.
- Cuando alguien te trata con cariño o te apoya, te cuesta creer que te lo mereces.
- Cuando algo te duele, te lo guardas antes que pedir ayuda, aunque haya alguien a tu lado dispuesto a dártela.
Si hoy lo estuvieras pasando mal, ¿a quién se lo contarías?
Con los años, lo que te pasa se nota sobre todo en lo que no llega a ocurrir: planes que cancelas, ayuda que nunca pides y gente que se queda a un paso de conocerte de verdad. Desde fuera, unas veces parece ansiedad y otras, frialdad, y por eso se confunde tanto.
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04
¿En qué se diferencia del apego ansioso y del evitativo?
Con apego ansioso o evitativo tienes una forma fija de protegerte (insistir o poner distancia), y te sirve. Con el desorganizado esa forma no llega a formarse, y acabas haciendo las dos cosas casi a la vez.
Si te reconoces en cómo vive la espera quien tiene apego ansioso, sabes lo que es insistir hasta que el otro responde. Si te suena más el apego evitativo y su necesidad de distancia, lo tuyo es apartarte para estar a salvo. Las dos tienen un orden, por eso los psicólogos las llaman organizadas. Los tres son apegos inseguros, pero solo en el desorganizado falta una forma clara y constante de reaccionar ante quien te importa.
La misma situación,
3 formas de vivirla
Elige una situación y mira cómo la vive cada apego, uno al lado del otro.
Quieres todavía más cercanía, tanta que a veces temes que tus ganas de estar juntos asusten a la otra persona.
Te incomoda tenerle tan cerca, aunque todo vaya bien entre vosotros en ese momento.
Te acercas y en ese mismo instante te entran ganas de irte, sin terminar de quedarte ni de marcharte.
Temes que no esté cuando le necesites y te gustaría que te escribiera más a menudo de lo que lo hace.
No echas en falta más mensajes y, si fuera por ti, recibirías bastantes menos de los que te manda.
Le buscas en cuanto notas la distancia y, cuando por fin responde, vuelves a apartarte de su lado.
Ves más conflictos con tu pareja, notas que van a más y una sola discusión te cambia cómo ves lo vuestro.
Te retiras de la conversación, y lo más fácil es que acabéis retirándoos los dos.
Buscas hacer las paces y, en el mismo rato, te alejas justo de quien acabas de ir a buscar.
Las tres son formas de protegerte que aprendiste. La diferencia es que la ansiosa y la evitativa siguen siempre el mismo orden, y en la desorganizada acercarte y alejarte llegan juntos.
¿Puedo tener apego ansioso y evitativo a la vez?
Puedes reconocerte en los dos, y tiene su explicación. Cuando los psicólogos ven que un bebé tiene apego desorganizado, le dan además el patrón organizado que más se le parece, así que hay bebés con apego desorganizado y evitativo, y otros con apego desorganizado y ansioso.
Por eso se habla de apego evitativo desorganizado o de apego ansioso desorganizado, y no tienes que elegir entre los dos para entenderte. Eso sí, esta doble etiqueta se usa con bebés y no está claro que en adultos funcione igual, aunque explicaría que un día te veas en uno y al siguiente en el otro.
Lo que el desorganizado nunca tiene es una sola dirección, y las dos las aprendiste mucho antes de tu primera pareja.
05
¿De dónde viene ese querer y huir a la vez?
A menudo viene de una infancia en la que quien te cuidaba era, a la vez, tu refugio y lo que te asustaba. Y no hace falta que hubiera malos tratos para que aparezca.
En aquella prueba, el bebé se quedaba un rato sin quien le cuidaba y después volvía a verle. Main y Solomon se fijaron en que algunos bebés, al reencontrarse, hacían cosas que no encajaban: se acercaban y se apartaban a la vez, se quedaban como perdidos o mostraban miedo. Hoy se sabe que les pasa a unos 15 de cada 100 bebés de familias de clase media.
Para un bebé, quien le cuida es el sitio al que correr cuando algo le asusta. El problema llega cuando esa misma persona es también lo que le da miedo: entonces quiere ir hacia ella y huir de ella a la vez, y no tiene ninguna salida buena.
Y no tiene por qué haber malos tratos detrás. Es más frecuente en bebés maltratados, sí, pero también llega por otros caminos: un duelo o un trauma que quien te cuidaba no había superado, gestos suyos que asustaban sin que se notara mucho o la sensibilidad con la que naciste. El miedo de quien cuida pesa, pero no actúa solo.
Un dato lo deja todavía más claro: en familias que acumulaban cinco problemas sociales y económicos a la vez, había casi tantos niños con apego desorganizado como entre los niños maltratados. Las dificultades económicas y sociales de una familia también dejan huella.
Si algo de esto te suena y alguna vez te has dicho «es que no sé lo que quiero», tiene todo el sentido: desde dentro se vive justo así, como un tira y afloja que no se acaba.
No es que no sepas lo que quieres, es que acercarte y protegerte aprendieron a ir juntos.
Eso lo aprendiste cuando todavía no podías elegir otra cosa.
Además, lo que aprendiste sigue cambiando en la vida adulta con cada relación cercana que vas teniendo, así que ni siquiera esas heridas de la infancia que siguen pesando deciden solas cómo vives hoy el cariño.
06
¿Cómo saber si tienes apego desorganizado?
Tienes una pista clara si, con quien más quieres, te vienen a la vez las ganas de buscar y las de huir, y no te reconoces del todo en una sola forma de protegerte.
Fíjate más en lo que haces justo después de un buen momento con alguien que en cómo te sientes en general. Si a la cercanía casi siempre le sigue un paso atrás, y a la distancia, un paso adelante, ese vaivén dice más de ti que cualquier lista. Y si dudas de si lo tuyo es apego evitativo o desorganizado, o ansioso o desorganizado, vuelve a la comparación de arriba: la diferencia está en si te proteges de una sola manera o en dos direcciones a la vez.
Ponerle nombre con seguridad le toca a un profesional de la psicología, que puede valorarlo contigo con calma. Lo que sí puedes hacer tú es fijarte en con quién y en qué momentos te pasa, y eso ya te dice mucho de ti.
07
¿Qué puede contarte tu carta natal de ese ir y venir?
Lo que viviste explica buena parte de este vaivén, pero le falta una pieza: cómo eres por dentro desde el principio. Esa pieza la recoge tu carta natal. Carl Jung, el psiquiatra suizo cuyas ideas todavía se estudian, contaba en una carta de 1947 que, en los casos más difíciles, miraba también la carta natal de la persona para verla desde otro ángulo. La tuya puede ayudarte a entender por qué te apartas de quien quieres.
Tu carta natal es el mapa del cielo en el momento en que naciste, y te enseña lo que traes contigo.
Una herida que no se cerraba
Hoy la astrología también mira a Quirón, un cuerpo pequeño del sistema solar que se descubrió en 1977 y que los astrónomos no cuentan como planeta. Debe su nombre a un centauro del mito griego al que una flecha de Hércules hirió en la rodilla y cuya herida nunca se curó, aunque era inmortal.
Lo que se puede reparar
Por eso se habla de Quirón, la herida que siempre vuelve. Zane Stein, un astrólogo actual que lleva años estudiándolo, lo llama «el sanador herido» y dice que esa curación también puede llegar a una relación, a arreglar una ruptura entre dos personas, que es justo lo que intentas cada vez que vuelves.
En tu carta ves por qué la cercanía te remueve tanto y qué parte de ti se asusta cuando alguien se acerca. Y cuando entiendes de dónde te viene, dejas de verlo como un defecto tuyo y empiezas a quedarte un poco más.
¿Por qué huyes de quien más quieres? Descúbrelo gratis en tu carta natal.
08
¿Cómo empezar a sentirte más a salvo en tus relaciones?
Para trabajar el apego desorganizado te ayuda fijarte en con quién te pasa, pedir cosas pequeñas a gente de confianza y, si te pesa, apoyarte en terapia.
Fíjate en con quién te pasa
En los bebés, el apego desorganizado aparece con una persona concreta, no con todas las que les cuidan. Tómalo como pista: mira con quién te pasa más y con quién apenas, porque ahí ves dónde te sientes a salvo.
Pide algo pequeño y deja que respondan
Pide un favor sencillo a alguien de confianza y fíjate en que responde. Es una forma tranquila de comprobar que apoyarte en otra persona también puede salir bien.
Cuando vuelvas, cuéntalo
Si te alejas después de un buen momento, prueba a decirle a tu pareja que a veces te pasa, para que tu distancia no le pille a oscuras y tu vuelta no parezca un capricho.
Busca ayuda profesional
En terapia puedes mirar con calma de dónde viene ese «ven y vete» y probar otra forma de estar cerca, a tu ritmo. Si te pesa, es lo que más te puede ayudar.
No hace falta llegar a una calma perfecta. Basta con ir viendo cómo se vive una relación sin ese miedo constante y dejar que alguien se acerque un poco más cada vez, hasta que un día el cepillo de dientes se queda en su vaso.



