Alguien te gusta de verdad y, justo cuando empieza a acercarse, te entran ganas de poner distancia. Tardas en contestar, te guardas lo que sientes y prefieres apañártelas sin nadie. Eso tiene nombre, apego evitativo: una forma de protegerte que aprendiste en la infancia y que puede cambiar con las relaciones que vives.
En resumen
- Qué es: cuando alguien te importa, te proteges guardándote lo que sientes, cuidando mucho tu independencia y fiándote poco de los demás.
- De dónde viene: se aprende en la infancia, a menudo con cuidados que no respondían bien cuando pedías cercanía.
- Cómo se nota en pareja: escribes menos, tardas más en contestar y si te piden que cambies algo, te enfadas y te cierras.
- Lo que ayuda: dejar que tu pareja te apoye, contar más de ti, apoyarte también en otras personas y si lo necesitas, ir a terapia.
- Puede cambiar: con los años y con las relaciones que vives, la evitación puede ir a menos.
Índice (8)
- Qué es el apego evitativo y sus causas
- Cómo saber si tienes apego evitativo
- Cómo se nota en pareja
- Apego evitativo y miedo al compromiso
- Por qué te alejas cuando la relación se pone seria
- Y si tu carta natal explicara por qué pones distancia
- Cómo dejar de huir cuando alguien se acerca
- Preguntas frecuentes
01
¿Qué es el apego evitativo?
Es lo que te pasa cuando alguien empieza a importarte y en vez de acercarte, te guardas lo que sientes, defiendes tu independencia y te cuesta fiarte de sus buenas intenciones.
Te gusta, te apetece quedar y aun así, cuando te propone algo más, te descubres pensando «¿por qué me agobio, si me gusta?». Y no sabes qué contestarte.
Y tiene sentido que te agobie, porque en eso consiste el apego evitativo: preferir no depender demasiado de nadie, ni que nadie dependa demasiado de ti. Y fíjate en el detalle: quien te gusta es justo la persona de la que más podrías llegar a depender. Normal que te entren ganas de salir corriendo.
¿En quién te apoyaste de verdad la última vez que lo pasaste mal?
Si encima te dices «yo estoy bien así, no necesito a nadie», los psicólogos hasta tienen un nombre para eso: la forma desdeñosa del apego evitativo. Es uno de los apegos inseguros, por eso a veces lo verás escrito como apego inseguro evitativo.
Y no te pasa solo a ti: más o menos una de cada cinco personas, de bebés y de adultos, encaja en este estilo.
¿Y si parte de esto viene contigo desde que naciste? Puedes verlo gratis en tu carta natal.
¿De dónde viene el apego evitativo?
Esto no empezó con tu pareja, empezó mucho antes, en la infancia, con las personas que te cuidaban, fueran tus padres u otras.
Hay una prueba muy conocida que hizo la psicóloga Mary Ainsworth con bebés. La madre o el padre dejaba a su bebé un momento en una sala con juguetes y luego volvía a por él.
Al volver, algunos bebés ni se acercaban, parecían no inmutarse y a veces se ponían a mirar los juguetes del suelo, como si nada. Pero por dentro no estaban tan tranquilos: mientras estaban sin su madre o su padre, su cuerpo se alteraba como el de cualquier otro bebé, y la hormona del estrés les subía más.
A menudo, detrás de un apego así hay cuidados que no atendían bien lo que necesitabas, que cambiaban de un día para otro o que rechazaban la cercanía. Si te pasó algo parecido, aprendiste algo muy lógico: si pedir cercanía no servía, mejor no pedirla.
Y eso no lo elegiste tú.
Lo aprendiste para protegerte y te funcionó durante mucho tiempo. El problema es que lo sigues haciendo ahora, con quien te gusta, porque en adultos aparecen los mismos estilos de apego y donde más se nota es en pareja.
02
¿Cómo saber si tienes apego evitativo?
Lo notas cuando tu pareja quiere estar muy cerca y a ti te incomoda, aunque no haya pasado nada malo.
Es justo lo que miran los psicólogos para medir los síntomas del apego evitativo en adultos con pareja: si te agobias cuando tu pareja se acerca demasiado, si te cuesta enseñarle lo que sientes en el fondo o si te cuesta depender de ella. Y muchas veces, quien está a tu lado te pide más intimidad de la que te resulta cómoda.
Te has arreglado sin nadie muchas veces y te ha servido, tanto que acabas sin contarle tus problemas a tu pareja ni acudir a ella cuando lo necesitas. Tiene su lógica: esa independencia también te protege del dolor de que te digan que no.
¿Hay algo que no le has pedido por miedo a oír un no?
¿Existe un apego evitativo severo?
Querrás saber si hay tipos de apego evitativo según lo fuerte que sea y qué significa tener uno severo. Pero la evitación no va por casillas, va por grados: hay quien tiene más y quien tiene menos, sin un apego evitativo «severo» ni uno «leve». Lo que haces cada día cuando alguien se acerca te dice dónde estás tú.
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¿Cómo se nota el apego evitativo en pareja?
Tu pareja lo nota en los mensajes que dejas para luego, en lo poco que buscas su contacto y en cómo os retiráis los dos cuando discutís.
En el sofá, con la tele de fondo, se enciende la pantalla del móvil con su «¿qué tal tu día?». Lo ves, dejas el móvil boca abajo sobre el cojín, te dices «mañana le contesto» y al final no le escribes hasta media mañana del día siguiente.
Y ese mensaje no es el único que dejas esperando. Con apego evitativo mandas bastantes menos mensajes y tardas más en contestar de lo que tarda tu pareja. Y tampoco echas de menos que te escriba más: preferirías que te llegaran menos.
Si abres ahora tus chats, ¿en cuál eres tú quien deja al otro esperando?
¿Hay más ejemplos de apego evitativo fuera del móvil?
Fuera del móvil pasa algo parecido: te apetece menos el contacto físico y tocas menos a tu pareja, y eso explica en parte que estés menos a gusto. Aun así, cuando os tocáis, os sentís mejor, tengas más o menos evitación.
Cuando discutís, la distancia la ponéis entre los dos: es más fácil que ambos os retiréis de la conversación, y eso os deja un poco menos contentos con la relación. Y desde fuera, lo que tu pareja ve es frialdad, porque con este estilo te cuesta más dar cariño y calidez.
ProfundizaCuando tu pareja tiene apego ansioso
Cuando tu pareja tiene apego ansioso, lo que hace cada uno para protegerse dispara lo del otro: cuanto más cercanía te pide, más te alejas, y cuanto más te alejas, más te pide. Aun así, en lo bien que estáis pesa la ansiedad de uno y la evitación del otro por separado; que se junten no lo empeora más.
Tu distancia también le afecta a quien tienes al lado, sobre todo cuando la relación pasa por un mal momento: tu pareja nota menos gestos buenos de tu parte, y eso hace que se comprometa menos con la relación.
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¿Tener apego evitativo es tener miedo al compromiso?
Si alguna vez te han dicho que tienes miedo al compromiso, normal que te escueza. Pero algo de razón llevan: con apego evitativo te comprometes menos, confías menos y dependes menos de tu pareja que con un apego seguro. Aun así, el miedo al compromiso no es la definición del apego evitativo, es algo que se nota en él, y lo que te juegas cuando la relación avanza va más allá de dar el paso.
05
¿Por qué te alejas cuando la relación se pone seria?
Te alejas, en parte, porque los cambios que trae la relación te hacen sentir que dejas de ser tú, y esa sensación de perderte hace que te comprometas menos.
Esa pérdida, eso sí, solo la notas tú. Desde fuera no se ve por ningún lado, ni en lo que haces ni en lo que ven los demás.
¿Por qué te cierras cuando te piden algo?
Mientras recogéis los platos en la cocina, tu pareja te pide que avises cuando vayas a llegar tarde, notas el enfado subir antes de que termine la frase y contestas con dos palabras antes de irte al salón.
Con apego evitativo, cuando tu pareja te pide un cambio te enfadas más y te retiras antes, y la conversación acaba peor. Eso es el apego evitativo en la cocina: te cierras, rechazas hablarlo y separas lo que sientes de lo que piensas y haces.
Cuando tu pareja te pide un cambio, ¿qué te dices por dentro antes de contestar?
¿Y lo que apartas, dónde va?
Te parece que lo dejas a un lado y ya está, y mientras tienes la cabeza despejada lo consigues. Pero si intentas no pensar en una ruptura mientras tienes la cabeza en otra cosa, esos pensamientos vuelven, y con ellos una imagen peor de ti.
La necesidad que tienes de los demás tampoco se va: sigue ahí aunque la niegues, y hay quien la llama dependencia emocional evitativa. Acuérdate de la forma desdeñosa, la de «estoy bien sin nadie y me da igual lo que piensen de mí». En un experimento les dijeron a los participantes que el resto del grupo los aceptaba, y los más desdeñosos contaron sentirse con mejor ánimo y más autoestima que la media.
Te importa, y mucho, que te acepten.
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¿Y si tu carta natal explicara por qué pones distancia?
Lo que viviste explica mucho de por qué te proteges así, pero no todo. También cuenta cómo eres por dentro, eso que llegó contigo al nacer, y para verlo hay una herramienta que usaron grandes de la psicología: la carta natal. El psiquiatra Carl Jung la miraba cuando no tenía claro qué le pasaba a alguien, para ver lo que no se ve a simple vista. Y si a él le servía, a ti te puede enseñar lo que llevas tiempo sin entender de ti.
Tu carta natal es el mapa del cielo en el momento en que naciste, y en él se lee lo que te mueve, lo que te frena y lo que te cuesta.
Lo que callas
Cada planeta de tu carta habla de una parte de ti, y cómo te proteges lo cuenta Saturno. El astrólogo inglés William Lilly, que vivió hace casi 400 años y es uno de los más famosos de la historia, describía así a quien tiene mucho Saturno en su carta: habla poco, da con cuentagotas y se exige mucho. Justo lo que haces cuando te guardas lo que sientes.
Lo que te cuesta confiar
Lilly contaba también que Saturno a veces saca otra cara: la de alguien que desconfía de todo y tiene miedo. En tu día a día, eso es ponerte en guardia antes de fiarte de nadie.
Tu carta te dice cuál de las dos pesa más en ti, y verlo te ayuda a entender por qué la distancia te sale tan rápido con quien te importa.
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¿Cómo dejar de huir cuando alguien se acerca?
Para superar el apego evitativo te ayuda dejarte apoyar por tu pareja cuando lo necesitas, sin renunciar a tu espacio. Aunque suene al revés, cuando tu pareja acepta que te apoyes en ella, acabas necesitándola menos y sintiéndote más libre.
Cuenta algo tuyo
Parece poca cosa, pero cuando hacéis en pareja cosas pensadas para acercaros, te vas abriendo poco a poco, y al cabo de un mes ya pones menos distancia.
Depende de alguien en algo pequeño
Cuando te apoyas en alguien y sale bien, la gente te parece más de fiar, y justo en esos momentos es cuando más fácil te resulta bajar la guardia.
Cuéntale a tu pareja qué te ayuda cuando te pide algo
Te enfadas y te cierras menos cuando tu pareja te pide las cosas respetando tu espacio y dejando claro que te valora. Así que díselo: que te lo pida así.
Apóyate también fuera de la pareja
Lo que aprendiste en tus primeros años no se queda fijo: sigue cambiando, poco o mucho, con las relaciones que vas teniendo. Se ha visto en madres primerizas con una infancia difícil que aun así llegaron a un apego seguro: tenían más apoyo de la gente cercana y habían pasado más tiempo en terapia que las demás.
Si quieres tratarlo, la terapia te sirve igual
Es normal que te cueste ir, porque con apego evitativo tiendes a quitarle importancia a lo que te pasa y te cuesta más pedir ayuda. Pero, una vez dentro, la terapia te funciona igual que a cualquiera.
Y contestar esta noche a ese mensaje, en vez de dejar el móvil boca abajo hasta mañana, ya es quedarte cerca.



