«Ha sido suerte», te dices cada vez que algo te sale bien, y mientras los demás te felicitan, tú solo esperas el día en que alguien se dé cuenta de que no eres tan capaz como creen. Tus logros no los sientes tuyos aunque te los hayas ganado a pulso, y eso tiene nombre, es el síndrome del impostor, que les pasa a hombres y a mujeres de cualquier edad, desde la adolescencia hasta el final de una carrera profesional.
En resumen
- Qué te pasa: lo que logras no lo sientes tuyo y temes que un día alguien que cuenta para ti descubra que no estás a la altura.
- Cómo se nota: achacas tus aciertos a la suerte, te preparas de más o lo apuras todo al final y te quitas de encima los elogios.
- El ciclo: cada encargo nuevo te vuelve a poner a prueba y el buen rato de cuando sale bien se acaba enseguida.
- De dónde viene: muchas veces, del papel que te tocó en casa y de lo que la sociedad pide a cada sexo.
- Lo que ayuda: apuntar los elogios y cómo los esquivas, contarlo a una persona de confianza y actuar antes de sentirte a la altura.
Índice (8)
01
¿Qué es el síndrome del impostor?
Aparece cuando miras lo que has conseguido sin sentirlo tuyo, con el miedo de que un día alguien que importa descubra que no das la talla.
Puedes tener el título, el puesto o las mejores críticas y aun así sentir por dentro que has engañado a todo el mundo, y eso significa que cada felicitación te llega con un pellizco, el de pensar que algún día se sabrá la verdad.
Le pusieron nombre en 1978 dos psicólogas, Pauline Clance y Suzanne Imes, después de pasarse cinco años escuchando en su consulta, en grupos y en sus clases a más de 150 mujeres con mucho éxito, y no lo sacaron de ninguna encuesta, sino de oír una historia detrás de otra.
Lo que más les llamó la atención fue que todas contaban lo mismo, porque aquellas mujeres, con todo lo que habían logrado, se veían como impostoras intelectuales a las que tarde o temprano alguien iba a pillar. Y si te ha pasado algo parecido, ya sabes lo que es que te feliciten y pensar que se han equivocado contigo.
¿Hay algo que hayas conseguido y que, cuando te preguntan, cuentas como si hubiera sido suerte?
¿A cuánta gente le pasa?
Seguramente has leído que le pasa al 70 % de la gente, pero esa cifra no sale de ningún estudio, viene de un artículo de prensa de 2007 que se ha ido copiando una y otra vez.
Cuando se juntan 62 estudios con más de 14.000 personas, la cifra va del 9 % al 82 %, según la prueba y la nota de corte que se usen, así que nadie puede darte un número exacto, pero sí decirte algo que alivia, que tienes muchísima compañía.
Y aunque la cifra baile tanto, lo que buscan todas esas pruebas son cosas muy concretas, cosas que haces y piensas justo cuando algo te sale bien.
¿Y si esa duda viene de cómo eres desde que naciste? Míralo gratis en tu carta natal.
02
¿Cómo saber si tienes síndrome del impostor?
Te das cuenta por tu reacción cada vez que algo te sale bien, porque en vez de quedártelo, buscas por qué no cuenta.
Casi todas las características del síndrome del impostor las describieron ya aquellas dos psicólogas, y lo curioso es que la mayoría pasan sin que te des cuenta:
- Si te sale bien, lo achacas a la suerte, a que te corrigieron con manga ancha o a que quien te evaluó se equivocó contigo.
- Ante un encargo importante te preparas muy por encima de lo que hace falta, o lo aplazas todo hasta el último minuto y después corres.
- Cuando te felicitan, le quitas importancia enseguida, antes de que el elogio llegue a calarte.
- Lo que sientes casi nadie lo sabe, lo llevas como un secreto bien guardado.
- Debajo de todo, esperas el momento en que alguien que cuenta para ti vea que no eras para tanto.
Todo esto te sale caro, en horas, las que pasas preparándote de más o corriendo de noche porque lo dejaste para el final, y en gente, porque mientras lo guardes en secreto nadie puede decirte «a mí me pasa lo mismo».
¿Te acuerdas de algún elogio que aceptaras sin quitarle importancia?
Y ninguna de estas señales va suelta, cada una empuja a la siguiente cada vez que te llega un encargo nuevo.
03
¿Por qué cada logro te deja igual?
El ciclo del impostor
Porque cada encargo nuevo lo vives como un examen que empieza de cero y el buen rato de después se te acaba enseguida.
Marta lleva una semana en su nuevo puesto de coordinadora, con tarjeta nueva para entrar al edificio y una mesa junto a la ventana, y cada vez que su jefa asoma la cabeza por la puerta aprieta el bolígrafo entre los dedos y piensa «ya está, hoy se dan cuenta». Nadie le ha dicho nada malo, al contrario, el puesto se lo dieron por cómo llevaba los proyectos.
Si lo has vivido, sabes que ese miedo a que te descubran no llega solo, va dentro de un ciclo que se repite con cada encargo:
- Te llega un encargo nuevo y lo primero que notas es el miedo a no llegar.
- Para calmarlo haces lo de siempre, prepararte de sobra o dejarlo y correr a última hora.
- Lo entregas, sale bien y llega el alivio, con un buen rato que dura bastante menos de lo que esperabas.
- Si te preparaste de más, te dices que ha sido gracias al esfuerzo; si lo dejaste para el final, que ha sido suerte.
- Cuando llega el siguiente encargo, ese miedo vuelve con la misma fuerza del principio y todo empieza de nuevo.
Fíjate en que las dos explicaciones del cuarto paso dejan fuera lo mismo, que te salió bien porque sabes hacerlo, y por eso el alivio no se queda y la sensación de estar fingiendo sigue ahí debajo, intacta.
Sumar éxitos, por sí solo, no rompe el ciclo.
Nadie ha demostrado qué causa qué, pero las consecuencias del síndrome del impostor en el trabajo se notan, porque suele ir junto a rendir peor, estar menos a gusto en tu puesto y acabar quemándote. Y ni siquiera hace falta sabotear lo que te va bien para quedarte donde estabas, basta con dar una vuelta más al ciclo.
Un ciclo que se repite así no sale de la nada, lo aprendiste en algún sitio mucho antes de tu primer encargo.
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04
¿De dónde viene sentir que no mereces lo que tienes?
A menudo viene del papel que te tocaba en casa y de lo que la sociedad espera de un hombre o de una mujer.
Entre las causas del síndrome del impostor, aquellas dos psicólogas vieron que pesaba mucho el sitio que ocupabas en casa.
En algunas familias a un hermano, una hermana u otro familiar le tocaba ser el listo, mientras que a ti te tocaba otro papel, el de la persona sensible o el de quien se llevaba bien con todos. En otras pasaba al revés, y a los ojos de tu familia no tenías ningún fallo y eras la estrella de la casa.
Parecen casas opuestas, pero las dos salían en las historias de aquellas consultas, y sea cual sea la tuya, mucho de lo que hoy piensas de ti viene de lo que aprendiste en tu casa sobre lo que vales, cuando todavía no podías discutirlo.
Ese papel te lo dieron sin preguntarte.
Tampoco todo sale de casa, porque también pesan los papeles que la sociedad reparte entre hombres y mujeres, y en los grupos de minorías étnicas las cifras salen todavía más altas. De todo eso te queda una forma muy tuya de ponerte nota cada vez que haces algo.
05
¿Con cuál de los 5 tipos de síndrome del impostor te reconoces?
Te reconoces según lo que usas para medirte cuando dudas de ti, porque cada tipo pone el listón en un sitio distinto.
Estos cinco tipos los describió Valerie Young en su libro The Secret Thoughts of Successful Women (Los pensamientos secretos de las mujeres con éxito), de 2011, a partir de un ejercicio que hacía en sus talleres, así que son lo que ella vio en sus grupos y no el resultado de un estudio con datos.
Los 5 tipos,
uno a uno
Ábrelas y verás qué mide cada tipo según Young
1Entregas un trabajo que a todo el mundo le ha parecido bien y tú solo ves el detalle que no quedó como querías.Toca para abrir
En el tipo perfeccionista lo que cuenta es el cómo, y te mides por lo bien hecho que esté cada detalle.
2En una reunión sobre algo que conoces, antes de opinar haces cuentas de todo lo que sabes del tema y lo que te falta.Toca para abrir
En el tipo experto lo que cuenta es cuánto sabes, y nunca te parece suficiente para opinar.
3Te pones con algo nuevo, no te sale rápido ni a la primera y cierras el portátil pensando que eso no es para ti.Toca para abrir
En el tipo genio natural te mides por lo rápido y fácil que te sale, y si te cuesta, piensas que no vales.
4Prefieres quedarte hasta tarde peleándote con un problema antes que escribir a alguien del equipo para que te eche una mano.Toca para abrir
En el tipo solista lo que pesa es hacerlo sin ayuda, porque pedirla te parece reconocer que no puedes.
5Llevas a la vez el trabajo, la casa, los cumpleaños de la familia y las cuentas del mes, con la idea de que todo tiene que ir bien.Toca para abrir
En el tipo superhumano te mides por cuántos papeles sacas adelante a la vez, y todos tienen que ir bien.
Ninguno de los cinco es un diagnóstico, solo te sirven para ver en qué te fijas cuando te pones nota.
El tipo en el que más te reconoces te dice qué te exiges, pero no por qué a ti te pesa más que a otra persona que vivió algo parecido.
06
¿Qué tiene que ver tu carta natal con que nunca sientas tuyo lo que logras?
Lo vivido en tu casa cuenta mucho en cómo te mides, pero no lo explica todo, porque también influye el carácter con el que naciste, y para mirarlo hay una herramienta con siglos de historia.
El inglés William Lilly, un astrólogo muy leído en su época, publicó en 1647 un manual enorme donde describía, planeta a planeta, cómo es cada persona según su carta, y esa mirada te deja ver desde otro lado por qué te cuesta tanto creerte lo que haces bien.
Las ganas de ganarte un sitio
En tu carta, cada planeta habla de una parte de ti, y Lilly decía que cuando el Sol tiene fuerza en la carta natal, esa persona habla con calma y seguridad y se esfuerza por ganarse el reconocimiento. Esfuerzo tú pones de sobra, lo que se te queda por el camino es la calma.
La misma fuerza, del revés
Cuando el Sol está débil, Lilly hablaba de gente que se pasa de orgullosa. Tú te vas justo al otro lado, a quitarte méritos, pero en el fondo es lo mismo, cuánto te permites brillar.
Tu carta natal es el mapa del cielo en el momento en que naciste, y ver cómo está tu Sol te ayuda a entender por qué el reconocimiento te importa tanto y aun así te cuesta tanto quedártelo.
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07
¿Cómo superar el síndrome del impostor sin esperar a sentirte a la altura?
Empiezas por lo que haces y por contárselo a alguien de confianza, mientras dejas lo que sientes para el final, que es lo último en cambiar.
Para trabajar el síndrome del impostor no hace falta vencerlo de una vez ni quitártelo de encima antes de empezar, te sirven cambios pequeños para lidiar con él y salir de ese ciclo, muchos sacados de las tareas para casa que Clance e Imes daban en consulta.
Ninguna te pide que antes te creas lo que vales, así que las puedes empezar hoy mismo, con todas tus dudas.
Apunta los elogios y cómo te los quitas de encima
Durante unos días, anota cada cosa buena que te dicen de lo que haces y, al lado, lo que hiciste para no creértela. Es una forma muy práctica de buscar pruebas en contra de lo que te dices, con tu propia letra.
Quédate con el siguiente
Cuando ya ves cómo los esquivas, el próximo elogio escúchalo hasta el final y deja que se quede, sin corregirlo ni rebajarlo.
Cuéntaselo a alguien de confianza
Lo llevas en secreto, pero en los grupos de aquellas psicólogas bastaba con que una contara lo suyo para que las demás se animaran, y cada una descubría, sin terminar de creérselo, que otra a la que veía muy capaz se sentía igual de impostora.
Hazlo antes de sentirte a la altura
Si esperas a dejar de sentirte así para pedir ese proyecto o dar tu opinión en la reunión, lo irás aplazando siempre, porque lo que sientes es lo último que cambia, primero haces y la seguridad llega después.
Ve en pasos pequeños
Aquellas psicólogas proponían ir poco a poco, un paso pequeño detrás de otro, así que empieza por un elogio, una persona o una opinión.
Si además hay ansiedad o bajón, háblalo con un profesional
Si junto a todo esto notas una ansiedad o un bajón de ánimo que no se van, o el trabajo te está quemando, merece la pena que lo hables con una psicóloga o un psicólogo.
Así que la próxima vez que te oigas pensar «ha sido suerte», acuérdate de que es el ciclo dando otra vuelta y no la verdad sobre ti.



