Hace días que tienes algo pendiente, lo abres, lo cierras para hacer cualquier otra cosa y al final la fecha se te echa encima y lo sacas a última hora. No es pereza, es que aplazar te libra un rato del malestar que te da esa tarea, y por eso, para dejar de procrastinar, primero hay que entender qué estás evitando.
En resumen
- Por qué lo aplazas: dejarlo para luego te alivia del aburrimiento o del miedo a fallar.
- El ciclo: alivio, culpa, prisas de última hora y vuelta a empezar.
- Qué ayuda: nombrar lo que evitas, perdonarte, apartar distracciones, empezar por poco y, si se repite, pedir ayuda.
Índice (8)
01
¿Por qué lo dejas todo para el último momento?
Porque mientras no empiezas te libras de lo que esa tarea te hace sentir, y por eso la vas dejando aunque sepas que luego lo pagarás.
Seguro que alguna vez te has dicho «procrastino mucho, no tengo remedio», y que procrastinas es verdad, pero que no tengas remedio no, porque que empieces o no depende sobre todo de cómo te sientes justo antes.
Si una tarea te aburre, te agobia o no sabes por dónde cogerla, te sienta mal, y dejarla para luego es la forma más rápida de quitarte ese mal rato, por eso entre las causas de la procrastinación los psicólogos miran antes a las emociones que a la pereza.
Otras veces lo que pesa es el miedo a hacerlo mal, sobre todo cuando no te ves capaz, porque mientras lo aplazas no tienes que comprobar si te sale, y si ese miedo viene de lejos quizá te ayude mirar las cosas de tu infancia que todavía pesan.
¿Qué tarea llevas días esquivando porque no tienes claro que te vaya a salir bien?
Visto así tiene su lógica, buscas dejar de sentirte mal y lo logras, aunque solo sea un rato.
¿Y si lo que te cuesta arrancar también tiene que ver con cómo eres desde que naciste? Míralo gratis en tu carta natal.
02
¿Qué es la procrastinación (y qué no es)?
Procrastinar es dejar para más tarde algo que querías hacer, aun sabiendo que te va a salir caro.
La procrastinación en una persona se reconoce enseguida, porque lo tenías apuntado, nadie te obliga a retrasarlo y aun así lo retrasas.
Y aquí viene lo que más se confunde, porque aplazarlo no significa que te dé igual, al contrario, te importa, y por eso te sienta tan mal cada vez que lo vuelves a dejar.
La diferencia con descansar o con cambiar de planes está en que sabes que luego te va a costar más y aun así eliges el alivio de ahora.
03
El ciclo del último momento: aplazar, culpa, prisa y alivio
Primero aplazas y respiras, luego llega la culpa, después las prisas de última hora y, al acabar, respiras otra vez, hasta la siguiente tarea que te incomoda.
Tienes abierto el correo con el informe que te pidieron hace una semana y lo cierras para ordenar el escritorio, te dices «mañana me pongo en serio, hoy no tengo la cabeza» y notas el alivio antes de levantarte de la silla.
A los dos días el correo sigue ahí y cada vez que lo ves te sientes culpable, hasta que la víspera de la entrega acabas en la cocina pasada la medianoche, con el café frío, escribiendo deprisa algo que podía haber salido mejor.
Esa es la gran desventaja de la procrastinación, que el alivio sale caro y al final te sientes peor que si hubieras empezado desde el principio, porque la tarea no desaparece, solo se la pasas a tu yo de dentro de unos días.
La última noche que acabaste de madrugada, ¿qué dejaste de hacer para llegar?
En Suecia siguieron durante nueve meses a 3.525 universitarios y los que más aplazaban acabaron con más problemas de salud mental, más dolores, peores hábitos y menos vida social, aunque no se sabe si eran consecuencias de la procrastinación o venían de antes.
Cuando el ciclo se manifiesta con casi todo lo que tienes pendiente se habla de procrastinación crónica, a veces la llaman síndrome de procrastinación, y le pasa a entre un 15 y un 20 % de los adultos.
Si estás en esa cifra, tienes muchísima compañía.
Y si esa culpa te acompaña también fuera de las tareas, como la sensación de que nunca estás a la altura, eso tiene su propia historia.
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04
¿Por qué empiezas con ganas
y lo dejas a medias?
Sí, dejar las cosas a medias también es procrastinar, porque igual que puedes aplazar el principio, puedes aplazar el final.
Te apuntas al curso o arrancas el proyecto con ilusión y un día lo dejas parado sin haberlo decidido del todo, pasan las semanas y te preguntas «¿por qué siempre dejo las cosas a medias?» sin encontrar respuesta.
La respuesta suele ser sencilla, cuando una tarea se vuelve aburrida o cuesta más de lo que esperabas seguir se hace cuesta arriba, sin que haga falta ningún «síndrome de dejar las cosas a medias» para explicarlo, y al principio o a mitad lo que pesa es lo mismo, eso que la tarea te hace sentir y que hoy prefieres no sentir.
05
¿Qué estás evitando cuando lo aplazas?
Casi siempre evitas una sensación concreta, y la que más pesa es el aburrimiento, seguida de la frustración y la rabia que te da la tarea.
Más que de tipos de procrastinación, se trata de qué esquivas tú. Lo que más empuja a aplazar es una tarea que te aburre, te frustra o te da rabia, y después vienen distraerte con facilidad y fiarte poco de ti, aunque también cuesta empezar cuando no hay pasos claros o cuando le das tantas vueltas que no arrancas. Si lo tuyo es fastidiarlo justo cuando empieza a salirte bien, eso es otra historia.
Mucha gente da por hecho que autoexigencia y procrastinación van de la mano, que lo aplazas porque quieres que te salga perfecto, y a algunas personas les pasa, pero a pocas, porque cuando se pregunta por qué se aplaza solo un 7 % habla de perfeccionismo.
De hecho, si procrastinas, es menos probable que seas perfeccionista, no más.
¿Qué estás evitando
cuando lo dejas para mañana?
Toca lo que te pasaría a ti
En cada escena, quédate con lo que te saldría sin pensarlo mucho:
Tienes que rellenar unos papeles del banco
Te toca preparar una presentación
Tienes un examen dentro de un mes
Debes un correo largo y delicado
Llevas 0 de 4
Con el sueño o el rollo, esquivas el mal rato de una tarea que te aburre o te frustra.
El miedo a equivocarte o a quedar mal apunta a que con esa tarea no te ves capaz.
Otra pestaña o el móvil hablan de lo fácil que te despista cualquier cosa que tengas a mano.
No saber por dónde empezar quiere decir que la tarea todavía no tiene forma.
Lo que has elegido no dice cómo eres, solo qué te pesa con cada tarea, así que puede cambiar de una a otra.
Te falta alguna escena por contestar.
06
¿Qué dice tu carta natal de por qué te cuesta empezar?
Tu historia explica mucho de esto, pero también pesa cómo eres de serie, y hasta Carl Jung, el psiquiatra que fundó la psicología analítica, contaba en una carta de 1947 que en los casos más difíciles pedía la carta astral del paciente para verlo desde otro ángulo. Tu carta natal te ayuda a ver, por ejemplo, cuánto te exiges.
Tu carta natal es el mapa del cielo en el momento en que naciste, y al leerla ves con qué carácter llegaste.
Cuando te exiges y lo llevas bien
Cada planeta de tu carta habla de una parte de ti, y Saturno habla de cómo te exiges (aquí tienes lo que dice Saturno de tu miedo a fallar). El astrólogo William Lilly escribía en 1647 que, cuando Saturno está a gusto en tu carta, da a alguien serio, constante y exigente consigo.
Cuando nada te parece suficiente
Cuando Saturno está incómodo, Lilly hablaba de alguien con miedo, que nunca está contento con lo que hace y siempre le encuentra pegas.
Si te has visto en esa exigencia, mirar dónde cae Saturno en tu carta te ayuda a ver si es eso lo que te frena al empezar.
¿Por qué te cuesta tanto empezar? Descúbrelo gratis en tu carta natal.
07
Cómo dejar de procrastinar sin pelearte contigo
Te sirve más mirar qué te hace sentir la tarea que probar otro truco de productividad, porque lo que de verdad aplazas es ese malestar.
Ninguno de estos consejos para no procrastinar es una solución mágica y no hace falta superarlo todo de golpe, son ejercicios para combatir y evitar la procrastinación tarea a tarea, empezando por la que tienes hoy delante.
Ponle nombre a lo que evitas
Antes de abrir la tarea, fíjate en qué te provoca: aburrimiento, miedo o la sensación de no saber por dónde cogerla. Así tienes delante algo concreto, y no la tarea entera.
Perdónate la última vez
Quitarte la culpa por lo que aplazaste ayer hace que aplaces menos lo de hoy. Si te pillas pensando en la entrega que hiciste tarde, dite «ya pasó» y vuelve a lo de ahora.
Aparta lo que te distrae
Cierra las otras pestañas, apaga la tele y quita de en medio lo que te tire. Si te pasa en el trabajo, cierra el correo un rato; no hace falta ninguna aplicación anti procrastinación.
Empieza por un trozo muy corto
Con las tareas grandes, proponte algo tan pequeño que no te cueste nada: escribir el título o poner un temporizador de 10 minutos. Por ahí van dos técnicas muy conocidas: el método Pomodoro, que consiste en trabajar en tandas de 25 minutos, y la regla de hacer en el momento lo que lleve menos de dos minutos.
Quita el «perfecto», si va contigo
Si te has visto en lo de querer que salga perfecto, decide antes de empezar qué es «suficiente» y, cuando llegues ahí, dalo por terminado.
Si se repite, pide ayuda
Si el ciclo se repite cada dos por tres, un psicólogo te puede ayudar. La terapia psicológica ayuda a aplazar menos, y la cognitivo-conductual consigue una mejora moderada, aunque se ha probado en pocos estudios.
La próxima vez que tengas ese correo abierto y el cursor sobre la cruz, acuérdate de que lo que de verdad quieres cerrar es el malestar, y ponerle nombre es tu forma de vencer la procrastinación y salir del estancamiento.



