Apagas la luz y, en vez de dormirte, repasas lo que hiciste durante el día, lo que dijiste, lo que se quedó pendiente y todo lo que podría torcerse mañana. Eso es sobrepensar: darle vueltas a lo mismo una y otra vez, sin conseguir parar. Y de noche, cuando el sueño no llega, pesa todavía más.
En resumen
- Qué es: darle vueltas a lo mismo, a lo que pasó o a lo que puede pasar, sin conseguir parar una vez que empiezas.
- Por qué de noche: en la cama vuelves a lo que pasó durante el día y a lo pendiente, y pensar en negativo te deja el cuerpo en alerta.
- De dónde sale: pensar antes te ha servido para prepararte, pero esa costumbre se pasa de vueltas cuando ya no queda nada que preparar.
- Lo que ayuda: media hora al día solo para tus preocupaciones, una lista concreta de lo pendiente antes de acostarte y preguntarte qué puedes hacer ahora.
- Cuándo consultarlo: si te quita el sueño muchas noches o lo notas junto a ansiedad o bajón de ánimo, háblalo con un profesional.
Índice (7)
01
¿Qué es sobrepensar?
Sobrepensar es quedarte dándole vueltas a algo que pasó, o que puede pasar, sin sacar nada en limpio y sin conseguir parar una vez que empiezas.
Con el móvil cargando en la mesilla y la almohada doblada bajo el cuello, vuelves a la reunión de esta mañana, a esa frase que dijiste sin que nadie te la pidiera. La repites tal cual, luego con otro tono, luego como tendrías que haberla dicho, hasta que se te escapa por dentro un «¿y si les sentó mal?». De ahí saltas a la reunión del jueves, a lo que te preguntarán y a lo que no sabrás contestar, mientras el reloj del móvil se acerca a la una.
Eso que haces en la cama, dar vueltas y más vueltas, es justo lo que significa sobrepensar. También lo verás como sobrepensamiento o, sin más, como pensar demasiado las cosas. Los psicólogos lo llaman pensamiento repetitivo, y lo que lo distingue de pensar con calma es que, cuando arranca, no hay quien lo frene. Más que pensar mucho, lo que hay de verdad detrás de la etiqueta de sobrepensador es no poder parar.
¿Qué frase tuya has repetido más veces por dentro esta semana?
¿En qué se diferencia de preocuparte y de rumiar?
Cuando lo que te ronda es la reunión del jueves, te estás preocupando: una idea o una imagen de lo que puede pasar te lleva a otra, y cuesta frenarlas. Y cuando lo que no te quitas de encima es lo mal que te sientes y lo que eso dice de ti, estás rumiando.
Pensar, en cambio, tiene una parte que te sirve: la que te prepara para la reunión y te deja con un plan. Al sobrepensar ya no preparas nada y, aun así, sigues, con la misma frase dando vueltas mucho después de que haya dejado de enseñarte algo.
¿Y si esa manera tuya de pensar viene de serie? Míralo gratis en tu carta natal.
02
¿Por qué le das más vueltas por la noche, justo antes de dormir?
Porque en la cama, mientras esperas al sueño, vuelves a lo que pasó durante el día y a lo que tienes pendiente, y eso te atrapa sin que lo hayas buscado.
Si no consigues dormirte, la cabeza se te va a las preocupaciones, a los problemas e incluso a los ruidos de la casa, mucho más que a quien se duerme enseguida. Y lo que vuelve con más facilidad es algo de ese mismo día, como tu frase de la reunión, aunque no hayas decidido pensar en ello.
Ese repaso llega sin que lo llames, se alarga más de la cuenta y lo pagas en horas de sueño, boca arriba con la luz apagada. Además, pensar en negativo no se queda en la cabeza: te pone el cuerpo en alerta, y así dormirte cuesta todavía más.
Lo difícil es que, desde dentro, todas esas vueltas se parecen mucho a estar pensando en serio.
03
¿Cómo te das cuenta de que estás sobrepensando las cosas?
Te das cuenta porque llevas un buen rato con lo mismo, no has decidido nada y, aun así, no consigues dejarlo.
Por separado, cada señal parece poca cosa, pero juntas dicen mucho de lo que haces cuando no paras. Mira si te reconoces en alguna:
- Saltas enseguida a lo que podría salir mal, a lo que no sabes y a cada riesgo que se te ocurre.
- Una conversación del día vuelve sin que la llames y la repasas frase a frase, como si pudieras cambiarla.
- Una vez que empiezas, ya no consigues parar, por mucho que te digas «ya basta por hoy».
- Le das vueltas a lo mal que te sientes y a lo que dirá eso de ti, más que a lo que pasó.
¿Cuántas de esas vueltas acabaron alguna vez en algo que hiciste después?
Si esa conversación es siempre con la misma persona, quizá te ayude leer qué pasa cuando no consigues soltar a alguien que ya se fue. Con que te reconozcas en una sola de estas señales, ya te pasa, aunque no sobrepienses igual en la cama que delante de un mensaje sin respuesta.
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¿En qué momento te cuesta más parar?
Toca la situación en la que más te reconoces para ver qué está pasando entonces y qué puedes probar esta noche:
En la cama vuelves, sobre todo, a lo que pasó durante el día y a lo pendiente, y te ocupa mucho más rato del que pensabas porque llega sin buscarlo.
Esta noche, antes de acostarte, dedica cinco minutos a escribir una lista concreta de lo que tienes por hacer, con todo el detalle que puedas.
La conversación vuelve sola y, además de repasarla frase a frase, le das vueltas a lo mal que te has quedado y a lo que eso dice de ti.
En vez de preguntarte por qué lo dijiste así, pregúntate qué puedes hacer mañana con lo que pasó. Bajar a algo concreto te ayuda; quedarte en el porqué te deja donde estabas.
Antes de decidir, saltas a todo lo que podría salir mal, a lo que no sabes y a los riesgos, y cada vuelta te abre otra duda en lugar de cerrar alguna.
Guarda esas dudas para un rato fijo de media hora al día, a la misma hora y en el mismo sitio. Si te asaltan fuera de ese rato, apúntalas en el móvil y déjalas para entonces.
Mientras esperas, rellenas el silencio imaginando qué querrá decir que no conteste y, cuanto más intentas controlar lo que piensas, más espacio te ocupa.
Esta noche no te pelees por dejar de pensarlo: ve aflojando el cuerpo poco a poco, porque relajarlo te ayuda a dormir.
Ninguno de estos momentos dice cómo eres, solo dónde se te dispara más. Y en todos ayuda lo mismo: pasar de las vueltas a algo pequeño que puedas hacer.
Si te pasa en más de uno, empieza por el que te quita más horas.
04
¿Por qué sobrepiensas tanto?
Sobrepiensas porque pensar antes de actuar te ha ayudado muchas veces a prepararte y a hacer planes. El problema es que esa misma costumbre se te va de las manos cuando ya no queda nada que preparar.
Por eso no es justo verlo como un defecto o una debilidad: es tu forma de adelantarte a las cosas, solo que a destiempo. Lo malo es que darle más vueltas tampoco te devuelve antes la calma.
En octubre de 1989, el terremoto de Loma Prieta sacudió la zona de San Francisco. Dos semanas antes, unos psicólogos habían medido el ánimo de 137 estudiantes, y después vieron cuántas vueltas le dio cada uno a lo ocurrido durante los diez días siguientes.
Siete semanas después, los que más vueltas le habían dado seguían más hundidos y con más estrés que el resto. Si alguna vez has pasado un mal trago y te has quedado dándole vueltas sin parar, ahí tienes por qué pensarlo tanto no te ayudó a cerrarlo.
¿Qué crees que pasaría si esta noche no le dieras ni una vuelta?
¿Cuál es la causa de que no puedas parar?
Seguramente por dentro te dices algo muy parecido a «si no lo pienso, se me escapará algo». Y llevas parte de razón, porque pensar a tiempo te ha librado de más de un lío y te ha preparado para conversaciones difíciles. Solo que la reunión del jueves sigue igual y tú ya llevas tres noches durmiendo menos.
Lo que te mantiene dándole vueltas es creer que eso te protege.
Que te cueste tanto frenarlo no te convierte en un caso raro.
Llevas tanto tiempo dando esa idea por buena que ya ni la ves, igual que otras creencias tuyas que te frenan: siguen ahí mientras no las cuestionas.
05
¿Qué dice tu carta natal de por qué no paras de darle vueltas a todo?
Lo que has vivido pesa mucho en tu forma de darle vueltas a las cosas, pero no lo es todo: también cuenta la manera de pensar que traes de serie. Para verla puedes mirar la carta natal y sus planetas. William Lilly, astrólogo en el Londres del siglo XVII, dejó en 1647 un manual que todavía se estudia, Christian Astrology, y lo que cuenta en él te ayuda a entender por qué piensas como piensas.
Tu carta natal es el mapa del cielo en el momento en que naciste. Cada planeta de tu carta habla de una parte de ti, también de tu manera de pensar.
Una cabeza fina
De esa parte habla Mercurio, el planeta de la mente, así que importa dónde lo tienes y hasta qué pasa si naciste con Mercurio retrógrado. Lilly escribía que Mercurio, bien colocado, da una cabeza fina, despierta y de mucho pensar, y ahí cabe esa costumbre tuya de adelantarte a lo que puede pasar.
Un ingenio que no descansa
Y cuando está en un sitio que le quita fuerza, Lilly hablaba de un ingenio que no te deja en paz y de imaginaciones que no llevan a ninguna parte. De noche, eso son las vueltas de la una alrededor de una sola frase.
Lo que has vivido te enseñó a pensarlo todo tanto, y tu carta te muestra con qué cabeza empezabas, la que hace que eso te pese más o menos. Y cuando sabes de dónde te viene, dejas de pelearte contigo las noches que no consigues parar.
¿Por qué tu cabeza no para? Descúbrelo gratis en tu carta natal.
06
¿Cómo dejar de sobrepensar, también de noche?
Para dejar de sobrepensar no te hace falta quedarte con la mente en blanco: te basta con darles a tus preocupaciones su propio rato y cambiar la pregunta que te haces cuando empiezan.
Dejar de pensar demasiado no se consigue de una noche para otra, pero sí puedes aprender qué hacer para no sobrepensar tanto las cosas, con pasos que caben en un día normal, y alguno pensado para poder dormir cuando más te cuesta. Pruébalos de uno en uno, sin querer cambiarlo todo la misma semana, hasta dar con el que más te ayude.
Dale a tus preocupaciones media hora fija al día
Elige un rato de 30 minutos, siempre a la misma hora y en el mismo sitio, para preocuparte a conciencia. Si algo te asalta fuera de ese rato, lo apuntas y lo dejas para entonces. Se ha probado justo así, con ratos de media hora, y lo que te preocupas cada día acaba bajando.
Antes de acostarte, escribe lo que tienes pendiente
En un laboratorio del sueño pidieron a 57 jóvenes que escribieran cinco minutos antes de acostarse: unos, su lista de cosas pendientes, y otros, lo que ya habían hecho. Los de la lista de pendientes se durmieron antes que los que apuntaron lo ya hecho, y cuanto más concreta era la lista, antes se dormían. Así que, si lo de mañana te ronda, pásalo al papel con todo detalle antes de apagar la luz.
Cambia la pregunta que te haces
Cuando te pilles pensando en lo que podría salir mal o en por qué te pasa esto, cámbialo por «¿qué puedo hacer ahora?». Pensar en concreto, en el siguiente paso, te ayuda; darle vueltas en abstracto, sobre todo después de un mal rato, no te lleva a ninguna parte. Si la respuesta te parece enorme, te sirve empezar por un paso muy pequeño.
No intentes dejar la mente en blanco
Empeñarte en controlar lo que piensas y en parar de golpe lo empeora, porque esa pelea también te quita el sueño. Si vuelve un pensamiento negativo, apúntalo para tu media hora de mañana y no discutas con él a estas horas.
Vuelve al cuerpo
Cuando notes el cuerpo en alerta, ve aflojándolo poco a poco: relajarlo te ayuda a dormir, y es lo que aconsejan los especialistas del sueño.
Háblalo con un profesional si te quita el sueño muchas noches
Si las vueltas te quitan el sueño muchas noches, o notas además ansiedad o el ánimo muy bajo, cuéntaselo a un psicólogo o a tu médico, que puede mirarlo contigo.
Y esa frase de la reunión, apuntada en la libreta de la mesilla, por la mañana se convierte en algo que puedes resolver, en vez de otra vuelta más a la una.



